Año 2012 o 2013. Me enviaron a conocer un nuevo cliente en pleno corazón de La Segarra. Llegué a Torà desde nuestra empresa de marketing y tecnología, moderna, joven. No sabía qué me iba a encontrar. Aparqué en una plaza rodeada de casas de piedra centenarias, en un pueblo que parecía detenido en otra época.
Cuando crucé la puerta del Gòtic, todo cambió.
Muros del siglo XVI, luz tenue, ese ambiente que solo se construye con años de conversaciones verdaderas. Y allí estaban Joaquim y Palmira.
No sé por qué hubo química desde el primer momento. Intuición, quizás. Quim no me dejó escoger del menú. Me puso delante una oliva esferificada y luego un plato de huevos fritos con pulpitos y trufa. Me ganó. ¿Hay algo mejor que huevos, pulpitos y trufa? No lo creo.
Pero lo que vino después fue mucho más que gastronomía excepcional.
Se forjó una amistad de esas que no necesitan explicación. Largas conversaciones sobre la vida, filosofía, literatura (mucha literatura, ambos somos devotos de la lectura), música y un sinfín de artes. Quim es de esas personas sabias por naturaleza, de las que aprenden observando el mundo con curiosidad genuina. Y Palmira, con esa mirada inteligente detrás de sus gafas, alerta, observadora, capaz de leer a las personas en segundos. Todo amor después, y pragmática cuando hacía falta—porque a dos lunáticos como Quim y yo siempre nos viene bien alguien que nos haga aterrizar.






Conversaciones en la terraza frente a la iglesia del pueblo, con un cigarro, un vaso de agua y ganas de hablar de todo y de nada. Eso fue el Gòtic para mí: un espacio de libertad donde el tiempo se detenía.
Hoy Joaquim y Palmira cierran esta etapa después de tres décadas. Y aunque celebro su merecido descanso, sé que pierdo algo irreemplazable: ese lugar donde la gastronomía, la conversación y la amistad se entrelazaban de forma natural.
Gracias, Quim. Gracias, Palmi. Por vuestra generosidad, por vuestra sabiduría compartida, por cada plato que fue también una lección. Por construir durante 30 años un espacio que trascendió lo profesional para convertirse en hogar para tantos.
Os amo.


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